Tremendo en la soleá, indómito y rebelde por alegrías, convirtiendo en cante grande, gracias a tu jondura los humildes fandangos, inigualable por caracoles en los que cantas a las madrileñas resaladas. y siempre expresando ese dolor inexpresable, ese que dobla las rodillas y desencaja la mandíbula.
Entre mis favoritos también están Mairena y Pastora Pavón, el por su absoluto dominio de la técnica y ella por el timbre de su voz , casi sobrenatural.
Pero en ninguno de ellos siento la variedad de matices que hallo en tu cante.
Que tu voz de tierra seca siga hiriéndonos el alma como hasta ahora y montes tu caballo de luz y brío para generaciones venideras.
Ayer, hoy y siempre, gracias Manolo caracol.