lunes, 13 de octubre de 2008

Les jeux sont faits

Desde los cuatro años José arrastraba una ligera cojera producida por una osteomielitis, la cual le costo no pocas bromas pesadas por parte de sus compañeros de estudios. Lo que en absoluto le impidió ser un estudiante brillante y desde muy niño destacar en todas las disciplinas. Quizá esta minusvalía física fue en parte la que le hizo desde muy joven potenciar sus dotes de oratoria, incluso desarrollar una personalidad muy fuerte e indudablemente atractiva para no pocas mujeres.
Con veinticuatro años había terminado sus estudios universitarios de filosofía, literatura, historia, arte y lenguas clásicas. Imbuido de un espíritu romántico y no exento de dotes para el arte, pensó en hacerse escritor y dramaturgo aunque las contadas obras que escribió en su juventud no tuvieron ningún éxito.
En parte frustrado por tales contratiempos, pero siempre sostenido por su férrea voluntad, sopesó las opciones de éxito que tendrían en la política su capacidad de inventiva y su indudable carisma y don de gentes. En esta ocasión no se equivocó. Tan pronto como su intuición le dijo quienes eran las personas adecuadas a las que seguir, empezó a ascender en un partido que a su vez se acercaba más y más al poder.
Fue por aquella época, siendo ya una celebridad de nivel nacional, cuando en uno de sus elocuentes discursos, conoció a Magdalena.
Ella era una bella mujer de 29 años -el tenía entonces 33- que rezumaba por todos sus poros inteligencia y el sofisticado encanto de la clase alta del país. José se volvió loco por ella y no cejó hasta hacerla su esposa. Un año después de la boda ya tenían a su primogenita, luego vendrían cinco hijos más. Debido a su popularidad y la felicidad que irradiaban no tardaron en convertirse en la familia modélica para el partido que representaban y que ya gobernaba el país.
Entonces fue cuando estalló la guerra.
En un principio la feliz pareja se limitó a observar el conflicto desde el apacible castillo en que vivían gracias a la fortuna de Magdalena y los éxitos políticos de José. Viendo jugar a aquellos hermosos niños nadie diría que el país se encontraba inmerso en la mayor guerra que nunca se hubiera conocido. Más con el transcurso de la contienda las tornas fueron cambiando y el enemigo fue tomando posiciones cada vez más cercanas.
Llegado el momento, la familia tuvo que trasladarse a la capital y refugiarse ya sin ninguna capacidad de decisión salvo en lo que se refería a sus propias vidas.
Los días parecían eternos guarecidos en el refugio y escuchando las cada vez más cercanas bombas enemigas. El fuerte carácter de José y Magdalena nunca flaqueó, y cuando llego el momento en que indudablemente no había ninguna opción de victoria o salvación, tuvieron muy claro lo que tenían que hacer.
El 1 de Mayo de 1945 el matrimonio Goebbels puso sus pijamas blancos a sus seis hijos, los acostaron, y una vez que estuvieron dormidos, los asesinaron suministrándoles una cápsula de cianuro a cada uno. Luego al caer la tarde y después de salir del Führerbunker se quitaron la vida.


viernes, 10 de octubre de 2008

Autumn chill

¡Vaya día que hace! Es de esos días de otoño en que hace sol pero ya no sudas y puedes salir a la calle con una camiseta de manga corta y la, para mi sempiterna, chaqueta vaquera. Parece que ya ha pasado el frenesí por pasarlo bien a toda costa del verano y ahora se puede disfrutar plenamente y sin cargo de conciencia del aburrimiento. ¡Ah!¡El aburrimiento!¡Qué delicia! Se acabó el salir todos los fines de semana a hacer como que se lo pasa uno bien, el hacer caravana bajo el sol para ver algún sitio en el que aguantas cinco minutos por la aglomeración de gente a la que se le ha ocurrido ir a visitarlo precisamente el mismo día que tú. No tienes por qué aguantar estoicamente en una terraza las conversaciones estúpidas de los ocupantes de la mesa de al lado, -las conversaciones de la mesa de al lado siempre resultan un poco estúpidas, a veces hasta la fascinación-, ni los berridos de los críos pidiendo un helado, ¡menuda generación se nos echa encima!
Puede uno simplemente, como digo, aburrirse hasta la catarsis. Puede uno alquilarse "El hundimiento", una de las pocas pelis decentes de los últimos tiempos. Puede uno releer "El corazón de las tinieblas" o los relatos de Lovecraft; escuchar a oscuras el "We get requets" de Oscar peterson, -si, soy un poco pesao con este disco-; o aburrirse soberanamente con su respectiva esposa o respectivo marido... En fin, las opciones son infinitas.
En esta sociedad del culto al eterno divertimento, en la que todo lo que no es representativo de que la vida de uno es muy intensa, divertida, fascinante, geniaaal o guay del Paraguay, simplemente no existe, yo desde mi cueva escribo este elogio del aburrimiento.


viernes, 3 de octubre de 2008

Naturalmente

Llevaba yo varios días buscando música para este comienzo de otoño -si, yo es que tengo discos estacionales, qué le vamos a hacer-, todo esto entre mis discos, no pensaba comprar nada nuevo de momento.
La cuestión es que andaba que si el "Forever chages" de Love,que si la recopilación de Wilson Pickett, pero no, demasiado erótico-festivo uno y demasiado cañero el otro. Sin embargo hoy, por casualidad ya lo encontré. A mediodía, cuando llegaba de currar y mientras me calentaba unas lentejas de ayer me dio por ponerme el "Naturally" del siempre sorprendente J.J. Cale. ¡Eureka! este si que si, cómo no me había acordado antes, ¡Que subidón! Desde luego es el prefacio perfecto para el inevitable "Winterlude" que vendrá después.
¡Qué suavidad!¡Qué originalidad escondida en una música aparentemente sencilla!¡Qué buen gusto!¡Qué agradable sensación de sofá y zapatillas! Desde la susurrante "Crazy mama" hasta la trepidante "Bringing it back" pasando por la morbosa "After midnight", el cerebro absorbiendo los deliciosos ecos de esa stratocaster tan imitada, de hecho casi se me queman las lentejas, bueno, sin casi.
En fin, que sin más, para estos días que ya empiezan a refrescar y en los que el sol ya empieza a mirarnos de medio "lao" recomiendo a cualquier amante de la música este disco sabio y acariciante. Naturalmente.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Girl from the north country

Ayer cuando me metí en la cama me sentía bastante nervioso. No es un estado habitual en mi, pero tampoco me es desconocido. Más que nerviosismo, es un estado de consciencia que me hace percibír todo a mi alrededor como si estuviera a punto de desmoronarse, incluida mi salud mental. Estado de fragilidad sensitiva lo llamaría yo.
En cualquier caso, resulta bastante desagradable.
Me tendí a tu lado, y debido a mi inquietud, mi mente fue vagando hacia pensamientos cada vez más escabrosos. Empecé a pensar en cómo sería mi vida si no te hubiera conocido hace ya casi diez años. Pensé en lo pequeño que me sentiría y en lo inhóspita que me parecería la cama. Pensé que no podría acurrucarme en la parte de las sabanas que tu cuerpo calienta.
Con estos pensamientos me giré ligeramente y me acerque a ti. Inmediatamente empecé a sentirme mejor. Sentí cuan reconfortante era tu calor y cuan fragante tu piel. Abracé muy despacio tu cuerpo en penumbra y besé tu pelo revuelto.
A los pocos minutos ya estaba dormido.



martes, 26 de agosto de 2008

La playa

Aquel día despertó muy temprano, normalmente siempre lo hacía antes que él. Lo primero que hizo fue atisbar a través del respiradero de la tienda de campaña. Estaba nublado.
Abrió la cremallera intentando no hacer ruido, y se deslizó descalza sobre la yerba. Aún faltaba un rato para que el sol asomase sobre el acantilado más oriental de la playa.
Se soltó el pelo, buscó el Ipod en su pequeña mochila y seleccionó esa canción que últimamente le gustaba tanto. La puso en modo "repeat" aunque pensó que quizá no tuviera tiempo para escucharla una sola vez completa.
Subió el volumen a tope y vio como la mañana se desplegaba al ritmo de los místicos arpegios.
Recorrió el estrecho sendero que unía el camping con la playa. Llegó a la arena y la sintió fresca entre los dedos de los pies. A media mañana ya sería abrasadoramente insoportable.
La marea estaba bajando.
Cruzó la frontera que separa las arenas perpetuamente secas de las que habían sido bañadas por la pleamar durante la noche. El contacto húmedo la hizo estremecerse.
Corría algo de brisa. No había un alma. De todas maneras hoy no sería un buen día de playa.
Sin ningún ritual pero sin prisa, se quitó el pantalón corto de dormir y la tenue camiseta de tirantes. Finalmente, con dos ligeros tirones, se deshizo de los auriculares del Ipod y por primera vez, le alcanzó el inmisericorde rugido del mar como un puñetazo en la mandíbula.
Flaqueó por un instante y se sintió muy pequeña frente al mar. De pie, desnuda, como la primera mujer.
Miró hacia abajo: los dedos menudos semi enterrados, venas azuladas en los empeines, las piernas tensas y el vientre trémulo de frío.
Comenzó a caminar hacia el agua, la cabeza erguida, el viento azotándole la cara y los hombros con sus cabellos.
No se detuvo, la espuma bullía entre sus muslos, una ola lamió su vientre cortándole la respiración por un momento, avanzó un poco más, otra ola, el sabor de la sal. otra ola, los pies se despegan del fondo, una brazada, otra, otra ola...

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A veces, en los días nublados de finales de Agosto, él se acerca a la playa. Se adentra hasta donde las olas lamen dócilmente sus pies y mira abstraído el rompiente. En alguna ocasión, en la luz engañosa del amanecer, le parece ver un pequeño punto entre la espuma, y con un sobresalto, se aferra, por un instante, a la idea de que ella ha vuelto.




sábado, 9 de agosto de 2008

Given to fly

Wind in my hair, I feel part of everywhere
Underneath my being is a road that disappeared
Late at night I hear the trees, they're singing with the dead
Overhead...
"Guaranteed" Eddie Vedder.



Ayer alquilé la película "Hacia rutas salvajes"("Into the wild" 2007 Dir. Sean Penn). La peli no está mal, pero no es eso de lo que quiero hablar. La cuestión es que hoy he salido corriendo a comprarme la banda sonora. No es que haya descubierto nada nuevo, conozco a este muchacho desde sus más tiernos comienzos al frente de Pearl Jam. Pero sí me ha hecho confirmar mi total devoción por un músico que desde el primer disco del grupo de Seattle demostró que era mucho más que una cara bonita al frente de una banda de moda.

Mis recuerdos del primer contacto con la Voz de Vedder, (observen que la palabra voz va con mayúscula, lo siento Frank,) coinciden con una de las épocas más deliciosas de mi vida, en la que me ocurrían muchas cosas a la vez y los días parecían un continuo devenir de sorpresas y excitación.

Llevo muchos años escuchando esa simple maravilla del siglo XX llamada Rock and roll y no voy a negar que hay muchos otros cantantes que podría incluir entre mis favoritos, desde el idolatrado por mi hermana, Freddy Mercury hasta el gran Roger Daltrey, uno de los pocos a los que he visto mantener en directo el mismo nivel que en las grabaciones de estudio, pasando por el poderoso Chris Cornell o la deliciosa Yvonne Elliman. Pero a ninguno me siento tan unido espiritualmente como a este ser humano dotado para volar, y que en mi opinión, pese a ser unos pocos años mayor que yo, ha conseguido con sus letras desenterrar la más brillante y sublime pepita de mi generación, y lanzarla a los cuatro vientos con la fuerza de un vendaval.
Realmente en sus letras veo tomar forma todas las aspiraciones, frustraciones y rebeldía que he sentido en todos estos años desde que dejé de ser niño. Todo expresado con ese lenguaje que empezó a caracterizarnos a cierta juventud de principios de los noventa, y envuelto en ese torrente salvaje que es la voz de este genio, aullante como el filo de una navaja o tan profundo que te golpea en el pecho hasta hacerte caer a tierra entre una nube de polvo para luego volver a elevarte sobre las más altas cumbres. Para mi, musicalmente hablando, hay pocos placeres tan dolorosos como el de dejarme desgarrar el alma por la voz de Eddie Vedder. Por eso, una y otra vez, hasta el día de mi muerte, gracias....



martes, 5 de agosto de 2008

Midnight rider

No puedo dormir, ¡menudo calor hace!
Me suda hasta el humor.
Nunca la cama me había abrazado así.
Rechazo su abrazo, parece la muerte.
Doy media vuelta, doy otra media.
Me caigo hacia atrás y despierto otra vez.
Llevo mi cabeza a los pies de la cama, llevo mis pies a la almohada.
Mi torso está ahora bajo la ventana.
No entra ni gota de brisa, la ventana está muerta.
La tierra ya no es redonda, es una inmensa bañera húmeda y caliente.
Mi cama es enorme y muy blanda, parece una colchoneta llena de aire viciado, flotando en un mar de gelatina humeante.
Me pica todo el cuerpo, recorro mentalmente mi sudor y doy otra vuelta. El prurito aumenta.
En la cima de la noche la vida se abrasa y yo me cocino en mi propio jugo.
No añadir aceite, es la autentica receta.
Aparto telarañas de mi boca y odio mi pelo.
Me rindo, hoy no dormiré.
Moriré mañana, pero a pleno sol.

Me levanto y escribo...