miércoles, 9 de julio de 2008

Summertime

Media tarde, el sol entra por los cristales de la galería de mi casa, la ventana tiene abierta una rendija y las cortinas ondulan perezosas.
Si miro hacia lo lejos, por detrás de la torre del castillo, veo los bosques y prados que ya van quedando en penumbra. Siempre ha sido una de mis vistas favoritas.
La rotunda mole de la torre en primer plano, casi amenazante, con su único ojo mirando al infinito, y detrás el aún más grande pero apacible y dócil monte Rebollín. Con una cualidad viva, como de dantesco herbívoro dormido, tan manso que multitud de árboles y vastas praderas han ido arraigándose en la gruesa piel de su grupa tras milenios de sol y lluvia.

Hace varios días que ya huele realmente a verano tras una lluviosa y tardía primavera.
Ya vuelvo a sentir en mi piel y mi alma al viejo conocido, al de la luna más blanca y benévola, al de las largas tardes de calor en que la sidra se pone a enfriar. El querido verano, en el que los días parecen un río lento y caudaloso, ya que transcurren plácidamente y permiten cruzarlos una y otra vez de orilla a orilla hasta su inmensa y suave desembocadura en la noche, noches despiertas de agosto, de olor a yerba segada y sidra, de costumbres viejas y viejos amigos que ensanchan el corazón en el reencuentro, pasado el interludio invernal.

jueves, 26 de junio de 2008

In the court of the crimson king (Comentario libre de un disco muy amado)





A todos mis amigos melómanos, que no son pocos.

I

El advenimiento de la locura encerrado en una habitación, crujir de paredes, objetos amenazantes que se muestran extraños bajo la débil pátina de la cotidianidad.
Temblores en el espinazo, euforia y terror, la gran máquina dominante y la sumisión humana.


Luego, la calma, suaves vientos soplan dulcemente entre los arboles. Amables diosas de la espesura tocan sus flautas para vosotros y os adormecéis junto al agua clara de un manantial.
La naturaleza, en su narcisismo, se mira embelesada en el tranquilo espejo de un lago para regocijo de nuestras almas.


Mi caminar es cada vez más pesado, como atravesando una ciénaga. Hace varios días que perdí a Artax, y temo que pronto seguiré su destino. O si no, deambulo por las vastas estancias de mi palacio vacío. Fruncido el entrecejo con dolorosos descubrimientos, hasta que mi propio divagar inunda como un insoportable eco burlón las inalcanzables bóvedas. El palacio es la más hermosa maravilla que hayan visto ojos humanos, pero estoy solo y no encuentro la salida.


Ahora es de noche, azul índigo y plata mate, una inmensa luna llena se refleja en un estanque quieto donde flotan hojas secas de sauce. Benévolos seres alados revolotean cerca de mi cuerpo yacente y en la distancia se escucha una musica extraña, música que no tañen manos humanas, es más bien la propia escena quien la crea. No añoro el día ni la luz del sol, la belleza que se despliega ante mi, me hace llorar. Desde el exhuberante jardín, casi descuidado, casi salvaje, me rindo incondicionalmente a la gran madre Selene.

Mi habitación. Yo soy un niño de nuevo. Debajo del armario hay mundos
enteros por explorar, ¿que ruta seguiremos hoy?¿seremos unos indios
atravesando un nevado paso de montaña?¿Unos exploradores en
África?¿seremos Jim y Huckleberry navegando el Mississippi en una almadía
de troncos? No importa, aquí se esta bien, Mira, apoya la cara en el
suelo, esta frío y es muy agradable, no te preocupes, quédate aquí, aún
queda mucho para la hora de cenar...


Todo salta en pedazos y refulge con vívidos colores irisados. Recuerdo hechos y sensaciones que aún no han sido y pienso en los días del futuro pasado.
La multitud abre ojos y bocas de gozo, miedo y asombro, apenas se puede respirar, y el cielo suena como nunca antes con un ruido ensordecedor.
Las nubes se apartan abriendo un claro perfectamente circular y el rostro de Dios se nos muestra por primera y última vez.
El séptimo ángel no toca la trompeta, es batería de rock and roll, y atormenta sus tambores con redoblada energía.
El universo entero parece contener el aliento por un instante.

-¡Vamos! Recoge tus juguetes, mañana tienes que madrugar....




sábado, 14 de junio de 2008

On the road again

For all the shut down strangers and
hot rod angels Rumbling through this
promised land.


B. Springsteen "Racing in the streets"


Cruzamos pueblos dormidos y pequeñas ciudades en las que a veces veías tambalearse al último borracho del sábado, haciendo que la acera pareciese demasiado pequeña para él.
Lo veíamos girar la cabeza con gesto perplejo y aturdido ante el ruido de nuestro motor; un instante después, lo perdíamos de vista, dejando su caminar incierto bajo la luz amarilla de las farolas.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos otra vez en medio de la nada, zumbando sobre el negro asfalto.

Conducir toda la noche, esa era la consigna.
Sólo éramos tú y yo, y Canned Heat en la radio a todo volumen.
La vieja furgoneta gimiendo por todas sus juntas, abría con sus faros la noche partiéndola en dos.

Subimos algunos puertos forzando el motor al máximo,y luego los bajábamos con los discos de los frenos al rojo vivo.

Sacábamos la cabeza por la ventanilla para oler la noche y, llenos de anticipación, creíamos percibir el aroma del mar en la brisa que silbaba entre los ralos bosquecillos de eucalipto de la costa.

El objetivo de llegar a una playa antes del amanecer parecía cada vez más cerca, y nosotros saltábamos en los asientos de excitación.

Al rayar el alba llegaríamos a la costa, el final de la carretera, el final del país y de la tierra, Finis Terrae, la costa de la muerte. Porque allí muere la andadura de todo el que sigue el sol poniente, de todos los que se encaminan hacia el oeste con sus ligeros macutos, sus raídos zapatos, o sus oxidados cacharros con el parabrisas lleno de cadáveres de insectos.

Todos los pobres ángeles de los arcenes que recorren la autopista que lleva hacia el final de la noche y persiguen un sueño a sabiendas de que ya no existe.


viernes, 6 de junio de 2008

Yo no soy de aquí (Para Scout)

Es casi la hora de cenar.
Miro por la ventana de la cocina y no quiero estar aquí.
Miro hacia el oeste y veo el cielo en llamas. De un rojo que no podría describir en la totalidad de una novela. Que merecería pasarse la vida embadurnando lienzos intentando reproducirlo.
Miro hacia ese cielo y no quiero estar aquí, yo no soy de aquí. Yo pertenezco a ese cielo. Yo querría estar bajo su salvaje cúpula. En tierras que nunca he visto, con gente que no conozco, rasgando mi ropa al atravesar la espesura a toda velocidad en una continua carrera.
Quiero estar allí, donde se apuran las copas de dulces vinos y se canta y se escucha cantar, donde se llora al escuchar cantar porque se sabe que nada más bello se ha de vivir después de eso, después de haber compartido con los faunos y su dios Pan, con las dríadas, y con todos los seres de los bosques donde nunca entran los hombres y que están bajo ese cielo que veo desde mi cocina.


domingo, 1 de junio de 2008

The promised land

*Recomendación:Antes de empezar a leer, seguir el enlace del título en ventana nueva. Una vez que arranque la música, comenzar con la lectura.

Allá íbamos nosotros calle Ríos Rosas abajo. Con el viento en la cara y en nuestras chaquetas, a última hora de la tarde mientras la inmensa bola roja aún pendía sobre el Parque del Oeste.

Corríamos calle abajo, y corrían los días mientras besábamos las botellas de cerveza caliente y besábamos las hojas de los árboles, y finalmente nos besábamos bajo sus copas.

En el banco frente al escenario apoyaste la cabeza en mi regazo para recibir mi alimento. Luego no te volví a ver.

Volamos por las calles, inventando cada día un nuevo camino hasta caer en la noche, que siempre es la misma. La noche anaranjada de Madrid donde enloquecíamos una y otra vez sintiendo el aire fresco de la sierra al comienzo de la autopista.

Rodábamos por el césped humeante de la noche de Junio, y reíamos y aullábamos bañados en sudor y oliendo a asfalto caliente.

viernes, 30 de mayo de 2008

Biografía de un mamífero; o Gracias Piter.(Viva la vehemencia, la demencia y la inocencia)

Yo nací en Madrid el 14 de marzo de 1975 en una clínica de la calle Zurbarán, o Zurbano, o una de sus adyacentes. Perdón pero no lo recuerdo muy bien, quizá fue en la calle Velazquez.
La cosa es que nací en plena zona "alta" de la ciudad, vamos, pija,pija.
No obstante, como tantas veces habrá sucedido, alguien debió cometer un error con los canastillos y terminé en una familia obrera de la calle Hernán Cortes, barrio de Maravillas, hoy conocido como Malasaña, gente humilde pero ¡honrá!

De mi más tierna infancia recuerdo más sensaciones que situaciones, aunque quisiera hacer especial hincapié en las tardes que pasaba lanzándome pasillo abajo con mi triciclo, digo pasillo abajo ya que debido a un obús que impactó sobre la casa en la guerra civil sin llegar a explotar, esta tenia cierta caída hacia la calle de la Farmacia, muy conveniente para mis primeros pinitos en el mundo de la conducción, y que me permitía tomar la curva de la cocina "en dos ruedas" como el mismísimo Ángel Nieto(finales de los setenta, hoy sería como el mismísimo Rossi).

Unos tres años y medio después nació mi hermano, -tengo una hermana mayor, pero ya hablaremos de ella cuando el relato se adentre en mi vida adulta-, aunque en un principio esta situación no era muy aprovechable; en cuanto tuvo uso de razón comenzamos a unir nuestro ingenio hasta conseguir formar una especie de guerrilla nicaragüense casi invencible y que hostigaba con ardor infatigable a primos, vecinos, compañeros de colegio y demás gente menuda. Como mi padre era en aquellos tiempos representante de varias firmas de moda, el pasillo de mi casa siempre estaba lleno de percheros y cajas de cartón de muy variados tamaños con los que nosotros construíamos nuestros fuertes y puestos de mando, siempre preparados ante cualquier actividad foránea que considerásemos hostil.

Más tarde llegaron los días de escuela. Primero en un colegio de pago de las afueras de Madrid y luego, cuando la economía doméstica comenzó a resentirse, en el colegio público mas cercano a mi casa. No menciono el nombre del colegio por no involucrar a terceros.
De las clases aproveché todo lo que me interesaba, lo que no, lo dejé allí para generaciones venideras. Allí también hice algunas amistades de diversa duración.
Una de las actividades escolares más atractivas, y a la que recurríamos con cierta frecuencia, era la de escapar del patio de recreo, meternos en una clase vacía y utilizar el mobiliario para fines mucho más divertidos que los que se les suponía en un principio: construir fortalezas con las mesas, utilizar el pulido asiento de las sillas como improvisada tabla de surf, etc. Esta cuadrilla, conocida en el barrio como "Los nuevos cuatro niños de Écija", estaba compuesta por Mario, de la calle Pelayo, Iván, de la Corredera alta, Enrique, Fuencarral 98, casi en la glorieta de Bilbao, y yo. De estos compañeros aprendí todo lo que se podía aprender sobre la vida escolar en aquellos inocentes años ochenta. Más adelante, en mi fugaz paso por el instituto, fui instruido en actividades más productivas: comercio con gafas de sol de marca, menudeo con sustancias más o menos nocivas para la salud, etcétera.
También considero a mi grupúsculo de entonces uno de los pioneros en utilizar las mesas del parque de Barceló (Jardines del Arquitecto Ribera) para sostener litronas, vasos de calimocho y demás brebajes, antes de la masificación del fenómeno del botellón.

Por aquella época decidí que nunca iría a la universidad. Todas las cosas que había aprendido hasta entonces me divertían mucho, pero observé que también me producían ciertas crisis nerviosas. Yo quería estudiar filosofía, pero cierto día escuché a un niño de larga barba blanca decir que en la facultad de filosofía se aprendía de todo menos filosofía. Finalmente desistí.

¿Continuará?

viernes, 23 de mayo de 2008

Adiós muchachos

Tengo 84 años y me estoy muriendo.
Hoy he oído al medico decírselo a mis hijos, pero yo ya lo sabía.

Siempre llega el momento en que te metes en la cama sabiendo que ya no saldrás más.
No tengo miedo, ya no siento el escalofrío que me recorría en mi juventud al pensar en la muerte. Más bien siento un poco de pudor por verme obligado a ofrecer tan deplorable espectáculo a gente tan querida. Me recuerda a los primeros cambios en mi temprana pubertad, cuando me sentía avergonzado ante lo inevitable de mi nueva etapa vital.
Siempre me ha gustado mantener un férreo control en todas las circunstancias de mi vida, y obviamente en este momento estoy muy lejos de lo que se podría llamar controlar la situación.

También siento rabia. ¿Por qué mi cuerpo ha llegado a convertirse en este amasijo de huesos quebradizos y carne flácida cuando mi mente sigue virgen y ávida?
¿Por que debo resignarme cuando el mundo sigue su imparable y cósmica travesía? ¡Quiero ver un poco más!¡Quiero saber que va a pasar mañana!
En la tarde, los jóvenes se reunen para ir a bailar y cuando cae la noche hacen el amor.¡Quisiera ser participe de todo eso!¡Quiero volver a beber vino y oler todas las rosas!¡Quiero volver a escuchar "You look good to me"!

Dicen que en el momento del adiós, uno lamenta las cosas que no pudo o no se atrevió a realizar en la vida. En mi caso no es así. Yo recorrí todas las veredas en pos de la alegría, y muchas veces la encontré. Precisamente por eso la idea de cerrar los ojos definitivamente resulta doblemente dolorosa.
¿Por qué creamos lazos tan fuertes con los demás?¿Por qué amamos hasta el límite de nuestras fuerzas?¿Por que nos es dada la capacidad de disfrutar y emocionarnos con tantas cosas si todo nos va a ser arrebatado sin piedad?
¿Dónde irán mis dulces recuerdos?¿Que será de todo el amor que dí?¿Que será de todo el que me dieron?¿Que será de mí....?